Monday, December 10, 2007

Tolerancia y diálogo en España

Aragón Liberal  10.12.2007. Tolerancia y diálogo en España


Por: Agustín Pérez Cerrada

En el léxico del español frecuente, la palabra tolerancia ocupa un lugar destacado; otra cosa es que en la práctica sea fácil tolerar la diversidad cercana. La experiencia nos muestra que es más sencillo hablar de la atractiva idea de la alianza de civilizaciones, superadora de toda intolerancia, que vivir el respeto a la diversidad ideológica en la solución para los múltiples problemas de nuestro pueblo, entre los que el terrorismo no es el mayor.


Tolerancia y diálogo.

En la naturaleza, la diversidad supone riqueza y fecundidad. En el comercio, la oferta variada redunda en beneficio del consumidor. Por contra, en política la diversidad apareja enemistad y enfrentamiento, carencia de diálogo, y, apurando, el insulto mediático. Cada uno defiende sus posiciones de forma reduccionista, de tal modo que son incapaces de destilar lo que de bueno haya en cada propuesta, negando con hechos la pluralidad que se proclama con las bocas.

Y quizá la razón esté en que la política ha dejado de ser un espacio vital de libertad democrática, para convertirse en una estrategia cuasi totalitaria para la conquista del poder en el sentido de doblegar al otro —aun cuando éste sea la mitad de un país—; donde el gobierno de la mayoría tiene connotaciones de manipulación solapada. El poder parece tener tal capacidad de seducción que no pueda ser compartido. En todo caso, vemos que el ejercicio del poder queda lejos del servicio al ciudadano que debiera ser su finalidad primordial: es la diferencia entre servir y servirse.


Sin entrar en otros matices, la democracia se basa en que nadie debe alzarse con la pretensión de conocer el "único modo" de hacer las cosas, de aquí que sea necesario el diálogo entre los diversos actores para, buscando lo común, llegar a un acuerdo. Al mismo tiempo ha de desterrarse la cínica exposición de ideas que no responden a la realidad de lo que el vocero tiene intención de realizar, y que sólo buscan la repercusión mediática y el coro añadido de los compañeros de viaje y de los que se humillan ante el poder. Proponer que me monte en el carro que otro conduce, sin dejarme coger ninguna rienda, no es diálogo; de esto ya tenemos experiencia.

Agustín PÉREZ CERRADA

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